Museo Teresiano

Museo Teresiano

La consolidación del convento de carmelitas descalzas a lo largo del siglo XVII y XVIII, permitió ampliar sus estancias y construir otras nuevas en las que se custodia un interesante patrimonio artístico, compuesto por abundantes obras de arte que son el reflejo de un modo de vida dedicado por completo al culto divino. 

Gracias a las donaciones de importantes bienhechores como Simón Ruiz, Asensio Galiano y Elena Quiroga, la comunidad pudo vivir sin grandes agobios y adquirir diversas obras de arte durante el último cuarto del siglo XVI. Aunque se desconoce el modo y la fecha en que llegó a la clausura, la más antigua es una singular pintura sobre tabla, conocida en el convento con el nombre de “Virgen de la Victoria“. Responde a una tipología muy frecuente en Bohemia entre la segunda mitad del siglo XIV y primera del XV, en la que la pintura coincide con las creaciones de escultura del llamado “estilo bello”. La idealización de los rostros, la elegante disposición del plegado, rematado en el velo con borde rizado, y el empleo de adornos de pedrería, con incrustaciones en la corona (actualmente perdidas), son los aspectos más peculiares de este modelo.

De los años inmediatos a la fundación son un grupo de esculturas cuyo estilo permite adscribirlas a talleres activos en Medina del Campo. Es posible que pudiera servir como modelo para el Crucificado que preside el coro bajo el Cristo de la Paz de la Colegiata, realizado en 1554 por Juan Picardo, por la coincidencia en el tratamiento de la anatomía y en el modo de trabajar el plegado del paño. Sin embargo, la diferencia de calidad entre ambas esculturas obliga a pensar en la intervención de un seguidor. Por comparación con obras documentadas de Leonardo de Carrión, como el relieve de La Misa de San Gregorio de la Colegiata fechado en 1584, se puede atribuir a este escultor el relieve de la Resurrección y la escultura de San Antolín, ambos situados en el claustro. Por lo que respecta a la pintura de la primera etapa del convento, merece destacarse una tabla que se encuentra en la ermita, de correcta ejecución e indudable interés iconográfico que puede atribuirse al artista medinense Luis Vélez. Representa el momento en que la Virgen con el Niño en brazos entrega a San Simón Stock el escapulario que simboliza su especial protección a la orden. A ambos lados presencian la escena los profetas Elías y Eliseo, considerados fundadores de la orden, y los santos Angel y Alberto de Vercelli, este último redactor de la regla que confirmó en 1225 el papa Honorio III. Asimismo, cercana a la producción del citado Luis Vélez, aunque de un pintor algo más refinado, sea la tabla en que se representa la Resurrección, en la que pueden apreciarse modelos de personajes aparecidos en grandes obras del Renacimiento italiano, conocidas en este caso a través de estampas.

Como sucede en otras fundaciones de Santa Teresa, varias piezas destacadas confirman al siglo XVII como el período más brillante en la formación del patrimonio artístico del convento, al tiempo que testimonian la consolidación de la reforma. En escultura destaca especialmente un San José, original de Gregorio Fernández, fechado en el segundo decenio del siglo. Teniendo en cuenta su reducido tamaño se ha propuesto la posibilidad de que fuera el boceto de la escultura titular del convento, cuya autoría y paradero se desconoce. En cualquier caso, lo cierto es que la calidad alcanzada en el trabajo del cabello y el rostro, en el que se incluyen ojos de cristal, y en la disposición del plegado, con el manto prendido sobre el frente para liberar el brazo izquierdo en el que llevaría al Niño, son pruebas elocuentes del trabajo del gran escultor que tuvo a las Carmelitas Descalzas entre sus principales clientes. También cabe destacar una escultura de la Virgen con el Niño, conocida como “la Napolitana”, que es una muestra del éxito que tenían las importaciones de obras artísticas de este reino español a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. La talla procede del monasterio del Corpus Christi de Carmelitas Descalzos, de donde fue recogida durante la francesada y puesta a salvo en una casa de la localidad de Villaverde. El aspecto más sobresaliente de la talla se encuentra en el trabajo de las prendas, surcadas con profundos y movidos plegados que producen una sensación de dinamismo, ausente en la expresión de los rostros. En este sentido, se aproxima a la producción de Nicolás Fumo, escultor del que se conservan en España varias piezas fechadas en la última década del siglo XVII y primeros años del XVIII. La colocación del Niño en los brazos de María es similar a la que se utiliza en el San José del Convento de Carmelitas de Afuera de Alcalá de Henares, que a su vez se repite en otra escultura en piedra de la misma advocación realizada para la Iglesia de San Juan Bautista de Nápoles.

Respecto a la pintura sobre lienzo destaca el de Santa Teresa recibiendo la inspiración del Espíritu Santo, obra de Felipe Gil de Mena; el que representa la intercesión de Santa Teresa por la niña Teresa Benavides y Silva, atribuido a Diego Valentín Díaz. De otra parte, por lo infrecuente de la representación, es también interesante desde el punto de vista iconográfico el lienzo que representa la Muerte de Santa Teresa; obra de un pintor madrileño del último tercio del siglo XVII, la escena se ajusta a las descripciones publicadas en años inmediatos a la muerte a través de grabados.